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15, Ene 2020
AETICULO:

AETICULO: LA REALIDAD DEL PECADO

Cuando hay cambio de gobierno, renace nuestra esperanza de que la situación del país va a mejorar. Pero luego viene la decepción. Debemos caer en la cuenta de que ningún gobierno va a ser perfecto.
La verdad es que todo lo que toca el hombre lo contamina. Así ha sucedido con los inventos, como la energía nuclear, la televisión, los celulares. Acabamos por tergiversar el fin para el cual fueron creados.
Así ha sucedido también con la familia, el sexo, el trabajo, la economía, la política, los deportes. No hay realidad humana que esté libre del desorden causado por el hombre.
Ya el rey David confesaba su realidad pecadora en el salmos 50: Mira que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. Para constatar que el pecado invade nuestro ser, desde que empezamos a existir. San Pablo también nos dejó este testimonio: No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Yo lo ratifico en mi experiencia personal: Soy pecador, la verdad esencial de mi vida.
¿A qué se debe esta situación? En parte, por nuestras limitaciones humanas. Nos engañamos en la manera de juzgar lo que es bueno, nos dejamos llevar por las apariencias. En parte también porque somos débiles y nos dejamos llevar por la fuerza de nuestros instintos desordenados. Pero también porque somos rebeldes y abusamos de nuestra libertad para actuar según nuestros criterios egoístas.
¿Estaremos fatalmente destinados a ser esclavos del pecado? Ya el mismo apóstol san Pablo nos iluminaba: ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de esta condición mortal? Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo, nuestro Señor.
Precisamente San Juan el Bautista hace esta presentación de Jesús: Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. En su vida terrena Jesús venció las tentaciones del pecado. Y tiene el poder para liberarnos de ser sus esclavos.
Nuestra fe en Cristo nos lleva a reconocerlo como el único Salvador. Jesús no solamente nos mereció el perdón de nuestros pecados, sino que quita, elimina el pecado del mundo. No hay otra persona o realidad que nos pueda liberar del pecado.
Nuestra opción por Cristo ha de consistir en construir nuestra vida poniendo a Cristo como el fundamento insustituible. Confiar plenamente en que viviendo de acuerdo a su ejemplo y a sus enseñanzas venceremos el mal.
El profeta Isaías le propone al Rey Ajaz que pida una señal a Dios que lo lleve a confiar en que Él lo librará de los enemigos que amenazan invadir al pueblo de Israel; pero Ajaz se resiste y pone más bien su confianza en las Alianzas con las naciones poderosas. Eso mismo nos sucede con frecuencia a nosotros; no ponemos nuestra total confianza en el Señor y tomamos las decisiones para dirigir nuestra vida de acuerdo a nuestros humanos criterios.
Al Señor, nuestro Dios el honor y la gloria por todos los siglos.


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